La Loca de los Gatos

El Gato y la Meditación

¿Conocéis el artículo de Paulo Coelho sobre el Gato y la meditación? En el texto «La importancia del gato en la meditación» Paulo cuenta una historia que refleja en el paso del tiempo y como las cosas se llegan a volver «indispensables».

La historia habla de un maestro budista que tenía un gato al que quería mucho y le dejaba estar con él durante las meditaciones. Con el tiempo el maestro murió y el siguiente monje ocupo su lugar, este no sabía qué hacer con  el gato así que en memoria de su maestro dejo que siguiera asistiendo a las meditaciones. Cuando ese gato murió estaban tan acostumbrados al gato que buscaron otro gato.

Este hecho se extendió por toda la región y muchos otros templos acogieron gatos pensando que esto daba la fama al primer templo, tan respetado entre los otros templos. Y así el gato se hizo imprescindible en la meditación. Se llegaron a escribir tratados sobre la importancia del gato en la meditación y se realizaron incluso estudios universitarios para concluir si el gato ayudaba a obtener una mayor concentración.

Tiempo más tarde apareció un maestro que era alérgico al pelo de gato y decidió prescindir de él. Al principio esa decisión le costó la oposición de los discípulos y fue una decisión muy drástica y difícil de aceptar, dada la integración que tenía la figura del gato para los monjes que llevaban años haciéndolo así.

Sin embargo, este giro de los acontecimiento devolvió a los monjes la visión de que los gatos no eran los que daban la fama al primer templo si no su maestro y la buena disciplina de este, pero para llegaran a comprenderlo transcurrieron 200 años. Entonces se publicaron tratados animando a meditar sin ayuda de animales, y estudios que avalaban que meditar sin tener un gato cerca es posible.

Puede ser que los gatos no sean tan importantes para este ejercicio pero si es verdad que ellos notan algo que les gusta y cuando estas meditando se acercan y permanecen a tu lado ¿Sería esto lo que fascinaba al primer maestro?.

Espero que esta fábula os sirva para cuestionaros muchas cositas, ante todo ésta es la actitud que hay que tener porque si nunca nos atrevemos y nunca nos cuestionamos nada los que nos rodean tampoco lo harán ¿Quién dijo que los gatos son ariscos? ¿Quién dijo que los gatos se llevan mal con los perros? ¿Quién dijo que los gatos no son cariñosos? Practiquemos cada día nuestro amor y respeto y tal vez dentro de 200 años veamos algunos frutos en el entorno que nos rodea.

Podéis leer el artículo original en el enlace.

Salir de la versión móvil