Es muy frecuente que mujeres embarazadas tomen la decisión de deshacerse de su gato, por miedo a la toxoplasmosis o a que surjan incompatibilidades con el bebé.
El toxoplasma gondii, el parásito que puede provocar la toxoplasmosis, se encuentra en la carne cruda o poco cocida, frutas y verduras sin lavar, en arena sucia o en las heces de gato.
La toxoplasmosis no es fácil de diagnosticar, ya que sólo el 10% de las mujeres tienen síntomas como pueden ser fiebre, dolores de cabeza o rigidez muscular. Es por ello que si quieres quedarte embarazada o ya lo estás, realices un análisis para asegurarte de que no tienes anticuerpos.
Si tienes un gato y estás embarazada, conviene que sigas unas normas estrictas de higiene y alimentación.
El miedo a la enfermedad es lógico, pero si sigues estas normas y tu gato esta bien cuidado y con chequeos médicos regulares, no surgirán problemas.
En cuanto a incompatibilidades con el bebé, los gatos domésticos son mascotas muy vinculadas a la vida familiar y muy leales con las personas que les cuidan.
Para evitar problemas con la llegada del bebé conviene que tu gato descubra la llegada del nuevo miembro de la familia poquito a poco. Una buena idea es que antes de que nazca el bebé permitas a tu gato entrar en su habitación para que note los cambios en la casa. Después conviene que se vayan conociendo poco a poco. Los gatos pueden sentirse amenazados ante la aparición de un extraño que quiera tocarlos o jugar con ellos, aunque esto depende también del nivel de socialización. Al principio conviene mantenerlos en habitaciones diferentes y permitir que el gato huela ropitas o juguetes del bebé, para que se vaya acostumbrando.
Una vez que ya sea consciente de su presencia, podemos dejar que olfatee y mire al pequeño. No hay que forzar ni impedir un acercamiento pues los movimientos bruscos pueden asustar al gato. Una buena idea sería sentarse en un sillón y tener el bebé en el regazo y al gato al lado curioseando o descansando.
Si el gato entra en la cuna con el bebé dentro, por curiosidad o porque quiere acostarse junto a él y lo descubres, no te asustes ni grites. Simplemente acarícialo y con cuidado sácalo de la cuna de la mejor forma posible, para que no arañe al pequeño.
Es importante que el gato tenga muy claro cuáles son las zonas permitidas de la casa y que además tenga su propia cuna. En ningún momento podemos desatender las necesidades de nuestro gato en cuanto a alimentación, agua, cepillado, limpieza de pelo y uñas, vacunas y desparasitación. Tiene que recibir el mismo cariño que siempre y que no note falta de atención en ningún momento.
Por otro lado el bebé tiene que crecer sabiendo que el gato es parte de la familia y que tiene que quererlo y cuidarlo como tal. De esta forma la relación entre ambos será enriquecedora y duradera.
